martes, 4 de marzo de 2014

Mis primeros discos

Recuerdo el momento, aunque con dificultad lo podría ubicar en el calendario. Se que estaba en casa de mis abuelos y mis padres habían ido al centro. A su vuelta, posiblemente del Corte Inglés del Duque, traían consigo un regalo. Nunca dijeron que fuera para mi, pero me apoderé de él casi sin preguntar. Eran dos discos de los de antes, de vinilo. Uno de ellos, de la Municipal de Sevilla. Más concretamente, de los profesores de la Banda Municipal de Sevilla. El título era "Grandes marchas de la Semana Santa Hispalense". En su portada, la presea de la Coronación Canónica de la Esperanza de Triana estrenada un año antes (el disco es de 1985).

Este regalo no lo conformaba un único disco, sino que acompañando al de la Municipal, otro con
Imagen de www.marchascofrades.com
marchas de Cristo llamó mi atención más que el primero. En la portada, los últimos tramos de nazarenos blancos antecedían a los acólitos y al paso de misterio. Un paso barroco y dorado, con cuatro faroles. Una estampa colorida y luminosa, la de ese paso cruzando el parque de María Luisa. El Cristo recibía la Cruz de manos de dos sayones. Cuando escuché el disco recuerdo que le decía a mis padres que yo quería ir a ver ese paso en Semana Santa. En realidad lo que quería era escuchar esas marchas que tanto me habían enganchado. Por aquél entonces no sabía que era el paso de la Paz, que para verlo tendría que dejar de salir en San Roque, y que aunque lo hiciera, no escucharía esas marchas a no ser que me fuera a la otra punta de Sevilla. Ese rincón donde la Buena Muerte de Cristo es llorada por María Magdalena, orgullo de Lastrucci, y la banda que yo quería escuchar ponía sones a la escena pasional, dura y triste. 

-"Los Cristos muertos no llevan agrupaciones detrás". -"¿Ah, no? San Bernardo la llevó. La Hiniesta la lleva". La llevaba entonces, y la sigue llevando, para alegría de muchos nostálgicos. La que fue la gran acompañante de los pasos de Cristo en Sevilla, ha quedado relegada en la capital a una presencia casi anecdótica. Muchas bandas llegaron, tocaron y se perdieron cuando su calidad ya no estaba a la altura. A Santa María Magdalena no le pasó eso. A Arahal se la llevó por delante la moda. En una época estaban de moda las agrupaciones. Los Caballos llevaban agrupación musical, el Buen Fin la llevaba, San Bernardo, la Hiniesta, El Despojado,... Pero llegaron las cornetas y desplazaron a los xilófonos. La cultura pendular. En unos años volveremos -si no estamos ya en el camino- a ver el resurgir de las agrupaciones. Para eso en la Comunidad de Madrid se va un paso por delante en la actualidad. 

El Despojado dejó las cornetas hace unos pocos años y recuperó a Virgen de los Reyes. El Carmen Doloroso también ha apostado por la agrupación. Dudo que San Bernardo vuelva a escuchar en el futuro medio "El Puente de San Bernardo" o "Salud de San Bernardo". Siempre nos quedará youtube.

Arahal es el guardián más celoso de la tradición musical de agrupaciones, como la Centuria macarena lo es de la corneta. Admiro la evolución disparada por Cigarreras, como agradezco y disfruto de "A la Gloria", "Serva la Bari" y demás composiciones del nuevo estilo. Pero igual que necesito escuchar Pasa la Macarena o Cristo del Amor para decir que mi Semana Santa ha sido completa, necesito escuchar una de esas marchas de Manuel Rodríguez Ruiz. Él fue una figura para la música procesional como lo es González Ríos o Gámez Laserna. Sin él, no habríamos llegado a este punto en lo musical. Sin él, se hubiera perdido la esencia. Me entristece cuando escucho a jóvenes músicos con poca experiencia y pocos discos oídos decir que esas marchas de antes no valen nada. Me entristecería saber que las Hermandades cuando contratan agrupaciones, descartan de sus repertorios las marchas de siempre. Pero el libro de los gustos está en blanco. Menos mal que yo tengo una libreta sólo para mi, en la que tengo bien estructurados los míos. Y en letras mayúsculas tengo escrito ARAHAL.



Cincuenta años de marchas procesionales. Cincuenta años de trabajo. Cincuenta años de recuerdos -los míos solo llegan al 85-. Cincuenta años que se celebran este 2014, y que ha contado con una exposición que fue clausurada con este concierto que inundó mis ojos de lágrimas en algún momento de ese 16 de febrero en el Círculo Mercantil de Sevilla-. Escuchen por favor con atención Alma de Dios. Hay que tener la categoría de Arahal, la categoría de las grandes,  para no olvidarse de las flautas en su plantilla.

Pensaba mientras escribía esta entrada en aquellos padres que me regalaron esos discos -no sabían lo que estaban haciendo-, y en ese otro desterrado hijo de Híspalis que se llama Agustín y que conseguirá acercar esos sones a esta tierra castellana más pronto que tarde.