martes, 4 de febrero de 2014

La excursión desde Sevilla

El día de lluvia y frío, desapacible, de invierno, que ha amanecido en Alcalá se ha transformado en el día de los nervios y las ganas. Porque ya ha llegado una nueva devoción a la ciudad. Ya está con nosotros el Santísimo Cristo atado a la Columna, recién salido del taller del imaginero Álvarez Duarte.

Supongo que temprano partió una comitiva desde el Aljarafe sevillano camino de esta tierra castellana. En una furgoneta que quiero imaginar blanca venía la última obra del artista. Antaño hubiera lucido una matrícula que comenzaría por SE-. Hoy, una sosa combinación de números y letras hace que nadie sospechara que esa furgoneta venía desde lejos con uncargamente más que especial. La talla cristífera no venía sola. Como saben, la bellísima dolorosa que recibirá culto por parte de la Comunidad carmelita, acompañará al Santísimo Cristo atado a la Columna en su nueva morada en clausura. En esa furgoneta, además, y como no podía ser de otra manera, viajaba el creador de semejantes obras de arte.

No he visto el momento en que la furgoneta llegaba al monasterio. Ni siquiera me he cruzado con Luís Álvarez Duarte. Pero si me han dicho que le han visto por nuestra ciudad, acompañado de otros hombres, hablando por teléfono. No creo que haya venido sólo, como avanzadilla. Y por es sospecho que el portentoso Cristo atado a la Columna, y su ducísima Madre de los Dolores, descansan ya en el interior del monasterio de la Purísima Concepción.

Las noticias publicadas en Sevilla volvieron a fallar. Y no fue el domingo cuando se produjo la entrega de tamaño encargo. Ha sido hoy, martes cuatro de febrero cuando intuyo que ha llegado la que en mi opinión es la mejor talla de Alcalá de Henares, por calidad y por firma.

Fue una alegría poder adelantarles hace ya más de dos años la primicia de que esta nueva imagen de Cristo estaba siendo tallada en Gines. Con la misma ilusión proclamo ahora de manera novedosa su llegada, porque creo que es una gran noticia para Alcalá, para su Semana Santa, y para el mundo artístico en general.

Mañana no se si será el día en que quienes acudan a la misa de nueve de la mañana queden deslumbrados por la presencia de la nueva talla. Yo se que no lo veré. Ni mañana, ni pasado, ni el viernes. Solo si tengo la suerte de que la clausura no esconda tanto arte hasta pasado el próximo fin de semana, podré intentar ir el sábado. De las fotos, ya ni hablamos. Es batalla perdida. Mi pena ahora es que el sábado sea demasiado tarde, y tenga que esperar a que ese Cristo (y su Bendita Madre) ocupen un lugar privilegiado en un templo,  en una ciudad, que merece poder admirar esas obras de arte.

Hablo con mi amigo muchas veces de temas cofrades en general.  A veces hasta agotar la batería del teléfono. En nuestra última conversación discutíamos la necesidad de que las imágenes generen devoción. Si, yo se que todas representan al mismo Dios hecho hombre, pero lamentablemente todas no llaman de la misma manera a la devoción. Y este Cristo ha sido tallado para eso: para ser un referente devocional. Y la devoción es el pilar para lo que tenga o pueda venir después. Yo, sinceramente, creo que es una lástima que esas dos tallas no reciban la visita de la Alcalá cofrade.

Pero como bien dice mi madre, si está de Dios que algo sea, será. Y si está de Dios que esas imágenes de Álvarez Duarte hayan venido a cumplir una labor de catequesis, saldrán de la clausura. Y si eso no sucede, es que Él habrá considerado que es mejor que sean las Madres carmelitas las que en exclusiva dirijan las oraciones a Dios a través de estas tallas.