viernes, 8 de febrero de 2013

Nuestras limitaciones

Esta noche me han dado una noticia que me disponía a contarles, pero que me ha conducido a una reflexión que si bien no es nueva, creo que el hecho que les detallaré a continuación la hace plenamente vigente.

En su cobertura a lo relacionado con la Semana Santa complutense, Diario de Alcalá abrió hace semanas un artículo en el que invitaba a la participación de los lectores del medio. La pregunta era sencilla: ¿cómo mejorarías la Semana Santa de Alcalá? Bajo el título, escasas líneas que más bien son respuestas a la interrogación primera, pero en forma de preguntas, daban cuerpo al artículo. Entre ellas dos que he recordado hoy cuando he recibido la noticia que voy a contarles: ¿Hacen falta más cofradías? [...] ¿Qué pasos faltan en la ciudad?

¿Por qué se relaciona directamente en esta ciudad el número de cofradías o el de nuevos pasos que representen misterios aún no plasmados, con la mejoría de la Semana Santa local?

Es cierto que una Semana Santa que goce de salud (y con ello me refiero fundamentalmente a ganas e implicación de los miembros de las Hermandades y su deseo por lograr objetivos materiales o no, comunes) probablemente tendrá muchas cofradías aunque sean de distintos niveles de arraigo, con diferente grado de preocupación por los detalles, incluso de distinto estilo. Permítanme que vuelva a usar la comparación con Ciudad Real. Allí, la implicación de sus cofrades es tal (fíjense que no entro a valorar si es mejor o peor) que permite que en la ciudad haya numerosas Hermandades y varias de ellas inmersas en ambiciosos proyectos como el misterio de la flagelación ya en proceso de talla de los respiraderos, el palio de la Esperanza y sus nuevos varales, el canasto del Nazareno,... Y todo ello con muchos menos habitantes que Alcalá. Es por tanto evidente que allí el mundo cofrade es mucho más activo que en Alcalá. Esa actividad y compromiso mayores les permiten afrontar nuevos proyectos en condiciones factibles y reales, no como aquí.

Quiero decir con esto que allí se embarcan en proyectos que posiblemente todos los cofrades deseamos. Uno de ellos puede ser que nuestra cofradía saque dos pasos a la calle. Pero allí lo hacen con un as en la manga: saber que es el deseo de toda o la mayor parte de la colectividad. Últimamente en Alcalá se ha producido la incorporación del segundo paso en cuatro Hermandades, además de la Virgen de la Trinidad de la Esclavitud de Medinaceli que fue la primera corporación en sacar su segundo paso -al margen del Santo Entierro que venía haciéndolo de manera regular muchos años antes, así como el Crucificado de la Misericordia y la Virgen de la Esperanza-. Estas Hermandades que han incorporado un nuevo titular a sus reglas y que además han decidido procesionar con el mismo de manera inmediata, se han encontrado distintas dificultades por el camino, como han sido (o son) el ímprobo esfuerzo económico a acometer, la dificultad organizativa de sacar dos pasos con el mismo o menor número de nazarenos, o directamente la nada fácil tarea de encontrar anderos, costaleros o cargadores para sacar sus pasos.

Y es que esta es la noticia: el próximo domingo la Hermandad de las Angustias ha convocado a sus hermanos a un cabildo general extraordinario en el que decidir si este año 2013 la hermandad pondrá en la calle una o dos cofradías. Ante la acuciante falta de anderos que se agrava con la llegada de manera sorpresiva hace unos años de una imagen de Jesús prendido para formar parte del misterio de las negaciones de Pedro, la Hermandad se va a plantear este año procesionar el Domingo de Ramos con este nuevo paso, y hacerlo el Lunes Santo con la imagen de la Piedad. Si ya desde su fundación está Hermandad ha tenido dificultades para completar su cuadrilla, la llegada del segundo paso es cuando menos sorprendente.

Esta solución ya se la escuché el año pasado a uno de los tertulianos que nos reunimos en Cuaresma. Él planteaba que no existiendo en su opinión una conexión profunda entre los misterios representados en sendos pasos, por qué no separar la cofradía en dos, con días distintos y los mismo anderos. Parece que esa misma reflexión es la que va a elevar la Junta de Gobierno a sus hermanos el domingo 10.

Independientemente de la decisión que estoy seguro que sabiamente tomará el Cabildo, yo medito y opino acerca de sí es factible tener cofradías con dos pasos en la Semana Santa actual de Alcalá. En mi opinión no lo es (al menos para todas las Hermandades). El esfuerzo tremendo que le cuesta a quienes lo hacen (dejando al margen a Medinaceli que por procesionar sobre ruedas y compartiendo banda de música, en un estilo totalmente distinto al que creo que se deben las otras hermandades de dos pasos a las que me refiero -lo mismo sucede con los Doctrinos-) provoca enormes desgastes, pérdida de contundencia en los cortejos si me permiten esta expresión, tener que apartar la atención de otras necesidades económicas de la Hermandad,...

Dicho esto, que ya saben que no es más que una opinión personal, debo decir que tan grande debe ser la satisfacción que produce el ver el objetivo logrado (poner el segundo paso en la calle) que las carencias con las que se ha hecho quedan ocultas por la ilusión desbordada y lo más importante: es fuente de motivación para poco a poco ir corrigiendo esas deficiencias al tiempo que se va asentando y normalizando la presencia del segundo titular en la cofradía.

La cofradías no nacen en un día. Tal vez quienes opinen como yo estaríamos abocados al estancamiento porque seríamos como la pareja que espera a tener el piso montado al completo para iniciar la convivencia. Es posible que mi pensamiento sea equivocado. Pero también es posible que la capacidad de crecimiento de la Semana Santa alcalina sea finita y no podamos soñar, con visos de que se convierta en realidad, con una Semana Santa de veinte cofradías y cuarenta pasos. Alcalá hoy no está preparada para ello. Ni siquiera creo que lo esté para el salto que ya han dado algunas hermandades (y a la noticia de las Angustias me remito). A pesar de ello soy consciente: quien no arriesga, no gana. También pienso que no todas las Hermandades son La Soledad, La Columna o Los Trabajos. No todas cuentan con el músculo de estas tres para hacer lo que en ellas se hace. Todos debemos ser conscientes de qué lugar ocupamos en un momento concreto, sin negar la posibilidad a que la evolución a base de esfuerzo nos permita cambiar de posición y así afrontar nuevos retos.