sábado, 12 de enero de 2013

Llegan los preparativos

El viernes llegué a Sevilla y me encontré con la desagradable sorpresa de la subida del billete del autobús del aeropuerto casi un 70%. Luego me sobrevinieron los habituales sentimientos de culpabilidad y de extrañeza cuando pienso en la locura de estar allí, sabiendo que en escasas 10 horas debía estar de vuelta. Luego, todo eso se pasa.

Se esfuma cuando llegas a una iglesia y en el altar mayor luce lo que está transformando en altar de quinario; cuando del portón del antiguo convento de la Paz una nube de incienso inunda el patio interior pero también Bustos Tavera; cuando te encuentras en el bar Langayo, mientras esperas que el capataz avise para comenzar la igualá al vecino con el que creciste, puerta con puerta, en la Alcalá de Henares y al que te reencontrase hace 8 años en Sevilla una tarde de Cuaresma y al que no habías vuleto a ver desde ese momento más reciente; cuando empiezas a saludar a toda esa gente a la que te une una relación que se basa en coincidir de año en año en estos actos; cuando abrazas a esos a los que les has cogido aprecio por unos motivos u otros en estos últimos años; cuando el Carlos Villanueva manda silencio, ya en la casa de Hermandad, y tras unas palabras, empieza a pasar lista con el acento cadencioso y el tono formal, intentando quedar por encima del rumor de la multitud. Y sobre todo cuando sabes que la cuenta atrás más esperada ya ha comenzado y que gracias a Dios, otra vez vas a poder participar y disfrutar de los previos en la medida en que la suerte, los huecos disponibles y la voluntad y decisión del capataz, determinen. La primera igualá del año para mi ya ha tenido lugar.