domingo, 21 de abril de 2013

Mi Semana Santa pasada por agua... (I)

Siento enormemente la tardanza en la publicación de este resumen que escribo ahora con añoranza. Una sensación de vacío distinta a la de otros años. Ya no se sí sufro menos cuando la Semana Santa termina y llega la hora de seguir la serpiente sinuosa y asfaltada por Despeñaperros porque me voy haciendo mayor y relativizo los hechos de la vida que realmente lo merecen, o porque los últimos años la lluvia arrastra esa sensación de estar viviendo la semana más soñada. Cuando era un niño creo que no llovía tanto. Si, algún día de alguna Semana Santa era aciago, pero lejos de estas estadísticas actuales en las que sólo aparecen x indicando cuántas no han podido salir este año. 

Con Antonio Arrondo, Hermano Mayor de las Aguas
Llegué a Sevilla de manera algo precipitada el Viernes de Pasión, que los antiguos llaman de Dolores (y que a mi me suena mejor, me suena a previo, a inminencia,...) y me dirigí directamente a recoger las papeletas de sitio que estaban pendientes en la secretaría de mi Hermandad de San Roque. De allí y casi sin tiempo para dejar el ligero equipaje, a la capilla del Consejo de Hermandades donde la Hemandad de las Aguas celebraba misa y recibía a sus nuevos hermanos en el seno de la corporación. Acudí citado por el Secretario, pues habiendo sido una fotografía de un servidor la que ilustraba la contraportada de la vistosa papeleta de sitio de la cofradía del Dos de Mayo, le rogué me guardara un ejemplar de recuerdo. Y a por él fui. Y me encontré con la sorpresa de que más que un ejemplar, me tenían preparado un cuadro que me hizo enorme ilusión recibir y que exhibo ya orgulloso en el salón de casa. Agradezco a la Hermandad desde aquí el detalle que tuvieron con este aficionado a la fotografía. 

Me hubiera gustado compartir la noche del viernes con mis amigos Carlos y Luís (la tarde noche era de "color morado", como pueden apreciar...) en Villanueva del Ariscal, donde ambos se afanaban en encender un elegante y sobrio palio de cajón. El cansancio, y la presencia de mis padres, me retuvieron en Sevilla. Espero no fallarles el año que viene y estar en el pueblo sevillano que da comienzo a su particular Semana Santa de caña y pabilo. 

Virgen de las Angustias
El sábado amaneció como el resto de días de la semana: gris, plomizo y de calles mojadas por la lluvia. Pero como también sucedería las siguientes jornadas, el tiempo parecía mejorar. Así, después de recoger las túnicas de la tintorería y ayudar torpemente a coser algunos botones de terciopelo, la tarde se acercaba y un invitado llegaba desde Alcalá. Ya en ese momento echaba de menos a Musu que en su inmersión en el mundo semi laboral se veía secuestrado lejos del lugar donde creo que le gusta pasar la primera mitad de la Semana Santa. También estaba ya conmigo mi hermano. Juntos fuimos a visitar el templo del valle y a sus moradores de tez morena. Madre bendita de las Angustias, de un Señor de la Salud que carga con la cruz de mis faltas. Devoción de mi madre y de su hijo. Hoy especialmente pienso que tal vez no le pedí con claridad. O simplemente es que tiene mejores planes para él y por eso lo acontecido el diez de abril es lo que Él ha estimado oportuno. La Virgen lucía espectacular en su paso de filigrana. El Nazareno, aún abajo y en su lugar habitual del Presbiterio, provocaba las lágrimas de quien siempre se emociona al verlo. Tengo ganas de visitarle nuevamente...

Fuímos a buscar la Hermandad de San José Obrero, que estrenaba cirineo y nazarenos en sus filas. Me supo a poco y no me hubiera dolido no verla. Posiblemente fuera el lugar elegido (insulso), tal vez el ritmo del cortejo (lentísimo) o tal vez que sin menosprecio de las Hermandades de Vísperas, no siento que la Semana Santa ha comenzado si no he escuchado la salida de La Paz y almuerzo ya pensando en vestir la túnica y capa de nazareno de Carmen Benítez.  Luego, serranito en el Trinidad y el grupo se separa. El huésped alcalaíno y yo fuimos a San Juan de Aznalfarache como ya hiciera el año pasado quien les cuenta estas vivencias con la compañía entonces de Musu y Jarik Noah.

Llegamos algo más tarde que la última vez, pero sin embargo a tiempo para ver ese palio recorrer las calles próximas a su iglesia acompañada por Tejera. Fue un buen aperitivo de lo que yo entonces soñaba que fuera una gran semana, si bien los pronósticos no eran halagüeños en absoluto.


El Domingo de Ramos, día de estreno, de ir a ver templos y pasos, de lucir en la solapa alfileres de las hermandades. Me gusta el ambiente pero me supera el gentío, y si a eso le sumo mi intención de estar descansado para la hora en que San Roque ponga su Cruz de Guía en la rampa de madera a las puertas del templo, la decisión de todos los años suele ser quedarme en casa. El Llamador de Canal Sur comenzó a retransmitir el ambiente en el Porvenir. La Hermandad de aquel lado del parque puso su cortejo y sus pasos en la calle. Luego vendrían El Despojado y la Borriquita. Esto hizo que me vistiera con ilusión y que a la hora en que se escuchaban cornetas cigarreras por la plaza de los terceros, tres nazarenos de capa blanca se perdieran tras la esquina de Peñuelas hacia San Román, Puerta Osario y Carmen Benítez. Llegamos, vimos muchas caras conocidas y me perdí en el tiempo viendo a ese Cristo erguido bajo el peso de la Cruz con la ayuda de Simón. La Virgen preciosa como siempre en la penumbra de un palio que sólo estaba ya iluminado por dos cirios de las tandas más altas de la candelería. En este impás de tiempo las noticias llegaban al interior de la parroquia: estaba lloviendo. Todas las cofradías se habían vuelto, el Señor de la Victoria estaba bajo elarquillo del ayuntamiento y el Despojado en el Valle. Jarro de agua fría para todos nosotros. Es una sensación curiosa la de estar dentro de una iglesia esperando el momento de salir o, en estos casos, de que la Junta de Gobierno se reúna. Es como estar aislado de la realidad, sin saber lo que pasa al otro lado de los muros. Los smart phones han dado al traste con parte de esa encantadora incertidumbre. Se pidió una prórroga para esperar la mejoría, para intentar repetir lo acontecido en 2012, pero esta vez no pudo ser. El Hermano Mayor nos comunicó la decisión. Los costales comenzaban a deshacerse, los niños iban hacia la puerta. Se rezó el Vía Crucis y nos marchamos.  

Al llegar a casa y ante la noticia de que Jesús Despojado volvería esa misma noche a Molviedro, y que la Estrella se paseaba triunfante por Sevilla, me cambié de ropa y con mi amigo venido de Alcalá fuimos a buscar al resto de complutenses recién llegados en AVE. Los encontramos en La Encarnación y antes de que saliera el cortejo de "los despojos", fuimos a buscar un lugar más recogido para ver la cofradía. De cómo lo vimos, de cómo lo sentimos,... les hablaré mañana.

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