domingo, 30 de diciembre de 2012

El resumen de la tertulia de diciembre

Pues como nadie la ha comentado, me pongo a ello:

Nos reunimos en la Casa de Andalucía en número más reducido que ocasiones anteriores. Hablamos de la entonces inminente toma de posesión de Antonio Soriano como nuevo Presidente de la Junta de Cofradías de Alcalá, y más concretamente acerca del margen de actuación que tendrá en su mandato. Hay quienes se preguntaban si será más de lo mismo pero con otro nombre, si las Hermandades estarán dispuestas a acatar las normas, directrices, recomendaciones,... que el presidente y la directiva de la Junta les impongan -pues de no hacerlo, ¿para qué se quiere una Junta de Cofradías? De ahí la pregunta de si esto cambia las cosas o si seguirá siendo lo ya acostumbrado: una Junta que escasamente se limita a elegir una foto para cartel, una persona para charla cuaresmal más que pregón, y administrar el dinero municipal en actos como la procesión de la residencia de ancianos-. Yo abogo por darle un voto de confianza, y entiendo que los cambios no son inmediatos nunca. Otros se mostraron más críticos.

Una de las partidas a las que se enfrentará el nuevo Presidente es la de la "carrera oficial". En primer lugar, decir que de las exposiciones de los presentes, personalmente percibí una falta de concreción y de entendimiento: unos hablaban de carrera oficial cuando creo que querían decir procesión oficial, y viceversa. Cuando aclaramos este aspecto, una conclusión fue la que entendía que la instauración de un recorrido oficial y común era necesaria para la evolución de la Semana Santa alcalaína. Algunos de los presentes rebatían esta idea argumentando que no es necesario importar todo, sino solamente aquello que sea necesario y beneficioso. ¿De qué serviría una carrera oficial en una Semana Santa que tiene como mucho dos cofradías en la calle a la misma hora, un par de días de la semana? ¿es necesaria? Y de hacerse, ¿es la ubicación en la Plaza de Cervantes la más adecuada? Aquí estuvimos todos de acuerdo en que no. Algunos apuntamos que tal vez sería esta una buena ocasión para que, creando ese recorrido común en el entorno de la Magistral, las cofradías se vieran "invitadas" por la Autoridad Eclesiástica a entrar en el templo catedralicio. Sobre este tema conversamos largo y tendido. Entendíamos que una de las primeras cosas a tener en cuenta sería que el discurrir de los pasos por el interior del templo no se interrumpiera con largas charlas sacerdotales. Creímos que una buena idea sería entrar y seguir por la nave de la Epístola, visitando al Santísimo y continuando hasta detener el paso ante San Diego, luego rodear la girola, donde se podría de nuevo detener el paso ante los restos de los santos patronos, y volver por el Evangelio hacia la puerta. Como los cortejos no son excesivamente numerosos, cuando la Cruz de Guía llegase a la puerta, el segundo de los pasos habría entrado o lo estaría haciendo en ese momento aproximado, comenzando a salir la cofradía del templo de inmediato. Es decir, el público de la puerta, no apreciaría una falta de continuidad en el cortejo. Uno de nosotros proponía lo atractivo que sería que los cortejos accediesen por la Plaza de los Santos Niños, pero no por la calle, sino por la misma plaza, entrando por la puerta lateral de la reja del atrio. Para la salida de las cofradías, hay quien propuso que unas podrían ir hacia Tercia y otras de frente hacia la facultad de Económicas -pensando en el muy angosto callejón "del Hospital"-, a no ser que procesionen solas en su día, caso en que podrían volver por la Plaza de los Santos Niños, esta vez si por la calle, no encontrando otros cortejos en su camino.

Hablamos de si los pasos cabrían, y nos pareció que el más problemático sería el del Descendimiento, y no tanto por su largo -el de la Columna lo es y mucho-, sino por el ancho y el espacio reducido que dejan las puertas de cristal al abrir hacia dentro -¡qué positivo sería para esta idea que lo hiciesen al revés, quedando sus hojas apoyadas sobre las de madera...!-.

Esa carrera oficial, de existir, nos parecía más coherente que una ubicada frente al ayuntamiento.

Hablamos muy someramente de la pro-Hermandad de la Resurrección, pues su Hermano Mayor nos acompañó como un tertuliano más. Tal vez en futuras charlas, podamos ahondar más en su proyecto, si bien es cierto que nos causó buena impresión lo afianzado del proyecto a nivel episcopal.

Se habló de la Junta gestora que regirá el futuro próximo de La Columna, y brevemente de su composición y de la presencia de al menos dos miembros de la Junta de Gobierno anterior, hecho que nos pareció sorprendente a algunos.

Hablamos también, de manera muy rápida, de la dimisión de D. Luís Cánovas como Presidente de la Cofradía de los Doctrinos. Personalmente lamento este hecho pues creo que su trabajo al frente de la corporación iba a deparar grandes alegrías a los cofrades alcalaínos. Lo que fue generalizada fue la sorpresa ante la noticia, conocida entonces solo por dos de los asistentes. Debatimos por espacio de poco tiempo sobre el hecho de la necesaria normalización co que debe producirse el relevo al frente de las Hermandades alcalaínas, siendo muestra de salud y madurez que el Hermano Mayor saliente deje vía libre, en todos los sentidos, al entrante y su nueva Junta de Gobierno, entendiendo que el tiempo de uno será recordado pero es pasado, mientras que el del otro, es el presente. Quien deja el cargo, como realmente es amante de su Hermandad, deberá estar a disposición del entrante, pues es evidente que la experiencia es un grado. Pero si quien ha sido designado para regir los designios de una Hermandad no precisa contar con ese apoyo de su predecesor, el hecho debe ser respetado, y quien ha encabezado el gobierno de la Hermandad debe recuperar su puesto de "soldado raso", manteniendo intacta su vocación de servicio a la Hermandad aunque ahora desde otro puesto. Y si las decisiones que se toman ahora no son de su agrado, si el timón marca ahora un nuevo rumbo que difiere mucho del que el como patrón de la nave mantuvo, puede -y debe-, como cualquier otro hermano, hacérselo saber a quien ocupa el cargo de Hermano Mayor, pero desde la lealtad y la intención exclusiva de servir al bien de la corporación. Y si finalmente la nueva postura es inamovible, en cuatro años podrá intentar convencer a los hermanos de que le elijan de nuevo como Hermano Mayor. Pretender cambiar o influir de otras maneras en las decisiones de los gobernantes es: peligroso, inadecuado, inmoral, poco democrático y dice poco como cofrade de quien lo hace.