lunes, 3 de diciembre de 2012

El Lunes Santo

(publicado originalmente el 17 de abril de 2012)

Ayer lunes se cumplieron dos semanas del Lunes Santo. La jornada más joven de la Semana Santa de Sevilla y tradicionalmente poco afectada por la lluvia. Pues miren ustedes por donde que en 2010 se estropeó a medias, en 2011 igualmente, y en 2012... pues también. Porque si bien es cierto que dos cofradías se lanzaron (y uso voluntariamente ese término, desde el más absoluto respeto, pero sin esconder mi opinión crítica) a las calles mojadas de Sevilla, la lluvia apareció, como cualquiera que mirara al cielo y a las predicciones podría aventurar y rompió un cortejo (el de San Gonzalo) e hizo que Redención vlviera sobre sus pasos y entre los palcos de la Campana para dar con sus pasos en La Anunciación, auténtico "alternativo en ruta" para los pasos.

Las noticias que llegaban del Polígono no eran buenas (y me acordé de Ernesto). Luego, la lluvía era el jarro de agua fría de la noticia del "no" del Tiro de Línea (y me acordé de Alberto, de Mundi, de Selu, de Lolo, de Saavedra, de Robles, de...). 

El Beso de Judas decide salir, y ansiosamente, salgo de casa en su busca. Como hay que recuperar el tiempo que se ha salido tarde, la cofradía avanza rauda y llego a las setas a ver el misterio. Ya me habían llegado los objetivos prestados de mi amigo Antonio, me pongo a jugar con ellos, y estos son algunos de los primeros resultados. Detrás viene el palio, con unas sorprendentes y llamativas flores en las que predomina el verde limón, pero también incluye matices morados ("los colores de la Hermandad", había explicado un miembro de la misma en la radio al ser preguntado por las flores del palio). Cuando la Virgen pasaba por la puerta cerrada de la Anunciación, yo pensaba convencido de que podrían llegar a la Catedral. La lluvia les sorprendería antes de que el misterio entrase en Sierpes, por lo que abriendose paso entre sillas de anea, el Rocío se refugió en el Valle. A las 21:00 iniciarían una rápida vuelta a la antigua Plaza de López Pintado, a ritmo de tambor y chicotás largas y aliviadas.







Pero antes de que eso ocurriera, sonaba Pasan los Campanilleros para el palio del Rocío que se adentraba en Laraña. Mi hermano me dijo que nos marcháramos en busca de San Gonzalo por lo que pudiera ocurrir. Ya chispeaba, y ya ven en la foto, cómo estaba el cielo por Alfonso XII. Corrimos y llegamos a la iglesia de La Magdalena. La gente se agolpaba en medio, sin dejar paso para un cortejo que no había llegado aún a ese punto. Se abrían paraguas. De pronto la Cruz de Guía se detiene. El público, sabio y experto, no se mueve, pues parecía respirarse en el ambiente que esos nazarenos blancos no llegarían a la Campana este año. Súbitamente se levanta la Cruz, se reanuda el movimiento del cortejo, eso si, de manera más ágil de lo normal (y es que la no chispeaba, sino que llovía), y el cortejo blanco comienza a perderse en las naves del gran templo que es como el recibimiento de Sevilla a las Hermandades de Triana. En menos de lo esperado, el misterio estaba ante nosotros, que pingueando entre paraguas abiertos, veíamos poco. Una pena que la gente no esté dispuesta a mojarse cinco minutos... Luego supimos que fueron no más de tres chicotás las que trajeron al Soberano Poder de Dios, desde prácticamente Triana hasta su refugio en Sevilla. El palio aceleró entre filas de nazarenos portectores hasta la Estrella (imagínense la pequeña capilla con tres pasos en su interior). Nazarenos en la Magdalena, otros se volvían hacia el Tardón,... El despropósito que sucede muchas veces cuando la lluvia rompre todos los planes.







No tengo fotos de San Gonzalo, pero dejenme enseñarles esta. No se su autor, al que ya pido disculpas por hacer uso de ella, pero creo que ilustra varias cosas: el tirón de San Gonzalo, las ganas de pasos con las que nos hemos quedado, y lo importante que son las cofradías para la gente de Sevilla...