viernes, 9 de noviembre de 2012

La Gloria en Otoño

Era un fin de semana de septiembre. Con unos amigos en Sevilla, disfruté de una gran fin de semana de Glorias y bullas.

San Bernardo ponía en la calle la procesión sacramental por las calles de ese barrio que hoy ya es centro de Sevilla. Cruzando la antigua fábrica de artillería en una estampa insólita para mi. Mandaban a la cuadrilla los Villanueva, estrenaba el paso unos respiraderos de Jesús Rosado que dejaban el suspiro en el aire, sonaba detrás la Cruz Roja de Sevilla -el que tuvo, retuvo. Y si bien no está en horas altas, he de decir que me alegro cuando veo a esta banda porque me trae tan gratos recuerdos... Recuerdos de un tipo de música procesional que ahora ya no ocupa ese puesto de cabeza en la lista de mis gustos, pero que son parte de mi juventud cofrade, parte de ser lo que soy).






Y para más alegría de un servidor, los sones de Pasa la Virgen Macarena para estrenar un fabuloso fin de semana (presten atención a la nitidez del sonido del oboe en la parte del trío de la marcha).




Al día siguiente, y con el grupo ya completo, la salida procesional de la Pastora de Triana.

La luz del anochecer teñía el cielo de un azul indescriptible. El paso plateado avanzaba por San Jacinto cuando llegamos, y avanzamos prestos a la calle Alfarería. Allí, un arco que se encendería a Su paso esperaba a la Pastora Divina. Venía a los sones de Encarnación Coronada y los trianeros cantaron. Las manos en la bulla delante del paso se alzaban hacia ella, como si lanzaran piropos en forma de dardos. Ambiente de romería y de éxtasis pastoreño cuando se enciende el arco. Suena Esperanza de Triana Coronada, los aplausos hacen imperceptible a la Oliva de Salteras y comienza a llover una petalada tan destacable que se podían atrapar las flores desmenuzadas en el aire, a puñados. La intensidad de la marcha marcaba el ritmo de caída de las flores.








Después de la tempestad, la calma. Sonó el Cachorro y mis ojos se llenan de lágrimas. Cada vez me emocionan más algunas marchas, sobre todo cuando inundan el aire de Sevilla. Marchas, notas, que son casi tangibles. Se puede inhalar la música. "¡Cómo purifica el alma esta música!" y una de las músicas me mira con cara de sorpresa. Creo que a veces no somos conscientes de la importancia que tiene eso que hacemos. Ellos, con su trabajo convertido en rutina, son culpables de la emoción. Y eso, no lo podemos hacer todos. Por eso me maravilla que un ser humano haya compuesto para emocionar, y que otro lea esos papeles y las notas consigan lograr aquello para lo que un maestro engendró una pieza musical.

 


De la calidad de la banda, permítanme, no diré nada, porque nada se puede decir cuando la prefección está cerca.




De allí, con paso ligero, a Imperial. Por pocos minutos no llegamos a la estrechez de esa calle, por la que no se si cabría mi Gracia y Esperanza, pero que si abre sus muros para la Virgen de la Luz. Es un paso grande para ser una Gloria. Dorado, tallado, enorme peana, imponente ráfaga,... Así sueño yo con la Gloria de María, así me gustaría verlo en Alcalá. La banda de las Cigarreras, con el aporte adicional y reciente de Toscano, sonaba muy bien. Escuchamos María Santísima del Subterráneo, Virgen de Montserrat, Cristo de la Vera Cruz y Aniversario Macareno. Recorrido de Domingo de Ramos para la Virgen de la Luz. 











Y con otro amigo y su sobrino hallados frente al paso, dejamos a la Virgen buscando el Muro de los Navarros para ir rápidamente a Olivares, donde la salida extraordinaria de la Virgen de los Dolores en su Soledad estaba próxima a su conclusión. Nuevo palio para esta Virgen de los que hacen que algunos hablen de las joyas de los pueblos de Sevilla. Ojos como platos, bulla como pocas. Las Nieves de Olivares atacaba una y otra marcha mientras el paso se acercaba a su templo y los que íbamos delante -qué poco me gusta ir ahí, sinceramente- nos dirigíamos a una encerrona de vallas. No disfruté del momento ni lo más mínimo, pero he de reconocer la intensidad del instante vivido. El paso soberbio, el ambiente festivo de un pueblo volcado y engalanado para la celebración.