sábado, 22 de septiembre de 2012

El anónimo, el insulto, las represalias

Mi única pretensión cuando creé el blog era la de que resulte interesante a cuantas más personas mejor. También deseaba señalar aquellas cosas que me parecían dignas de debate y que creía que pasaban desapercibidas para los cofrades de Alcalá. Ahora, muchos años después, las intenciones se mantienen intactas, si bien, me decanto más por la vertiente del siempre enriquecedor debate maduro. Por eso me sorprende enormemente el uso que algunos pretenden dar a esa invitación a la conversación, a la exposición de puntos de vista no solo diferentes, sino muchas veces diametralmente opuestos. Es en algunos casos un uso infantil, con comentarios que no aportan nada, con opiniones que se refieren a las personas y no a los cargos, y que solo buscan -cada vez estoy más convencido- el morbo del enfrentamiento, la espera de que alguien se de por aludido y pierda los papeles, para así, supongo atacar con más saña y teniendo lo que creen que es una justificación para ello.

Claro, que quien actúa así, pocas veces repara en que su anonimato es tan anónimo como el de quien le contesta, no logrando desenmascarar a nadie -si es que era esa su pretensión- sino más bien entrando en un juego de escondites vulgares que nada aportan al resto de visitantes.

¿Qué esto hace daño a las cofradías de Alcalá? Pues creo que no más que las propias personas que están en ellas, pues las actitudes que se aprecian en los comentarios de este blog son las mismas que sus autores tienen en una barra de un bar, en una mesa de una cafetería, en una sala de una casa de Hermandad. Eso es un problema intrínseco de las cofradías complutenses que creo que tardará en erradicarse. Cuando la comparación deje de ser importante, tal vez ese hecho comience a esfumarse. Mientras no podamos dejar de mirar cuanto acontece en la Hermandad vecina, estas actitudes no solo no se irán de nuestra vida cofrade sino que se retroalimentarán y se verán repetidas ocasión tras ocasión.

Un ejemplo claro de esto -aunque se que no lo necesitan porque saben de qué les hablo...- son ciertos comentarios que he suprimido de la entrada referente a la comentada posible dimisión del Hermano Mayor de La Columna. Es cierto que tanto ahora que ocupa dicho cargo, como cuando desempeñaba otras obligaciones en la Junta de Gobierno, Antonio Gómez ha sido muy criticado -como otras personas relacionadas con la Semana Santa de Alcalá-. Lo cual es parte de ocupar un cargo, y así lo hemos comentado en alguna ocasión. Independientemente de lo de acuerdo o no que se pueda estar con decisiones, declaraciones, etc. que haya podido tomar o realizar, es inaceptable el recurrir al ataque e insulto personal, siendo más enriquecedor que quien tenga motivos para ese desacuerdo los exponga no ya con nombre, sino al menos con fundamento para permitir un debate en igualdad de condiciones, de cuyas exposiciones y conclusiones tal vez aprenda algo la colectividad cofrade alcalaína.

No justifico el anonimato cobarde, pero si entiendo lo difícil que es pronunciar abiertamente una opinión muy crítica y discordante con las tesis oficialistas de cada Hermandad. Porque ya he visto muy de cerca en varias ocasiones las consecuencias de la discrepancia, y para evitarlas, entiendo que algunos recurran a ese antifaz que proporciona internet -otros, tristemente, lo hacen para poder hablar por hablar y escribir sandeces sin la vergüenza de saberse reconocido como aquel que dijo esta o aquella estupidez-. Las Hermandades, o mejor dicho, sus miembros, en muchas ocasiones, no son maduros para asumir las críticas y su actitud en ocasiones agresiva y siempre defensiva termina provocando el silencio de quienes antes hacían observaciones -no me cansaré de recordar las amenazas veladas del Presidente de la Esclavitud a quienes él creía que administraban este blog, hecho creo que muy representativo de lo que les comento en esta reflexión-.

Pero es que estos de ideas discrepantes, cuando lo que ven que sucede sigue alejándose de su punto de vista, de cómo ellos harían las cosas, y sabiendo que no pueden decir lo que piensan por la más que probable respuesta de sus "hermanos", terminan optando por el anonimato.

Es mi análisis de la situación. Tal vez no lo compartan. En ese caso, y aunque hagan uso del incógnito, les agradeceré que expresen libremente sus puntos de vistas. Pero háganlo justificando el porqué, por favor, para seguir una conversación productiva y beneficiosa para todos los amantes de las cofradías que entren a leer estas líneas que son las suyas.



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