viernes, 27 de julio de 2012

El Carmen y mis recuerdos

Hace ya casi quince días que la Virgen del Carmen recorrió las calles de Alcalá en su salida anual. Este año cambié la cámara y el trípode por el traje y el palermo. Antes de seguir con esta entrada que pretende ser una crónica no de lo sucedido sino de mis vivencias de aquella tarde, debo agradecer a la Junta de Gobierno que contaran conmigo para la muy gratificante tarea de acompañar a la banda de música durante la procesión. 

La tarde, menos calurosa que en años anteriores, comenzó para mi en la calle Río Ebro, pues fue en la sede de la Hermandad del Rocío donde decidimos encontrarnos la expedición musical granadina, comandada por su Director -y mi amigo- Manuel Elvira, así como su Presidente, Francisco Javier Navarrete, y quien les relata ahora a ustedes. El reloj avanzaba hacia las siete y media cuando la banda ya avanzaba, a los sones en ordinario de esa batería que suena a Tejera, por el Paseo de Aguadores, camino de su cita con la Hermandad del Carmen.

video


Llegando a la fuente que inaugura ese paseo por el que venían desfilando los músicos, comenzaron a sonar los instrumentos de viento, para anunciar la llegada de la formación a la Plaza de los Doctrinos al tiempo que advertía a los presentes de la inminencia de la llegada de la gloria hecha procesión. Cuando la banda ocupó su puesto, pasaron escasos minutos hasta que el cortejo ya avanzaba camino de la Plaza de Cervantes y el paso se aproximaba a la puerta del templo carmelita.

La salida resultó cómoda -al menos eso aprecié desde la distancia- y elegante. La Virgen no vestía la corona dorada que se estrenaba esa tarde, y fue por ello por lo que un miembro de la Hermandad se encaramó al paso para ceñirle la presea a la imagen mariana. 

Y aquí daba comienzo la procesión desde este peculiar punto de vista del que he disfrutado este año: la trasera del manto, con los sones de los Ángeles detrás mía. Disfruté como nunca, me embelesaba con cada marcha que sonaba, sonreía de felicidad al saber que estaban sonando marchas que nunca antes lo habían hecho en esta ciudad complutense, me sentía satisfecho de ver el resultado que brindaba ese repertorio elaborado por los miembros de la Hermandad encargados de ello (enhorabuena a ellos, y en especial a Jaime, pues me consta que su melomanía es responsable de la dedicación y esfuerzo que supone elaborar un repertorio comedido, equilibrado y, en opinión del Director de la banda y de algunos miembros de la misma, muy elegante). En el transitar hacia la calle de la Imagen sonaron marchas como Hiniesta Coronada, Glorias de Sevilla, Virgen de los Negritos, Candelaria,... 

Si hubo para mi un momento especial en esa primera mitad del recorrido, sin duda fue cuando con el paso arriado en la calle Ramón y Cajal la banda preparaba las partituras de la que es una de mis marchas favoritas. Así, se levantó el paso, y explotaron los sones potentes del comienzo de Pasa la Virgen Macarena. he de reconocer que me emocioné mucho durante esos minutos en los que el paso, muy elegantemente, cogía la vuelta hacia la calle Mayor. Allí estaba mi amigo Alfonso, que desde su posición de la que me separaba el cruce de las calles, me hacía un gesto con su mano, un "de lujo" que me satisfizo mucho por venir de quien venía. Cuando el paso ya andaba por mayor, crucé y me fundí en un sentido y emocionado abrazo con él.


Antes de que el paso entrara en la calle del otro Monasterio Carmelita de Alcalá, la banda atacaba la partitura de Soleá dame la mano. Sones de Font de Anta que eran otro estreno en Alcalá. Alguien retransmitía con su teléfono móvil cómo sonaba esa banda de los Ángeles en esta ciudad de Alcalá, detrás del Carmen, al director de la que para mi es la mejor banda de Sevilla.

 

La calle Imagen, como es habitual, es un pedazo de Cielo en que se honra a la Santísima Virgen Reina del Carmelo cada mes de julio. Caían pétalos de los balcones de las Siervas de María, mientras sonaban Pasan los Campanilleros (con espectacular despliegue de percusión, cascabeles y aros), Sentimiento Gitano y La Niña de la Estrella (composición propia de la banda y de importante carga emocional). Como la perfección no existe y no todo es elogiable, he de decir que además de ser una pena tener que entrar y salir por el mismo punto de esta calle, con lo que ello significa para la consistencia del cortejo, reconozco que me gustó bastante poco el muy repetido detalle de ver ya no sólo lo estandartes inclinarse hacia el paso cuando éste discurre frente a ellos, a modo de reverencia, sino que los imitaban algunos de los que portaban varas e incluso alguien que tenía un cirio. No me gusta este detalle, y se que es cuestión subjetiva, pero es que no le encuentro motivo ni justificación estética. Como tampoco me gusta ver los estandartes apoyados en las paredes a la espera de que la procesión retome su camino de regreso, detalle que es habitual también en este punto del recorrido.



Para enjuagar ese ni siquiera me atrevo a decir mal sabor de boca, pues ese detalle agrio no podía competir con el dulzor de sentimientos hasta entonces acumulado, sonó Hosanna in Excelsis, que cuanto más escucho, más disfruto. Gran marcha que rompe las líneas habituales de las composiciones procesionales, que a alguien le recuerda a música de película, pero que yo creo que encaja perfectamente detrás de un paso que es para lo que la compuso su autor, pensando en ese paso de Triana que cruza el puente cada Domingo de Ramos.

Sonó La Estrella Sublime, como no podía ser de otra manera. Las marchas que han llegado hasta nuestros días, habiendo sido compuestas en el primer tercio del siglo pasado, es porque tienen la calidad suficiente para no caer en el olvido musical. De las que están ahora en boga, de esas que se piden últimamente a las bandas por todo lo ancho de España, no se cuántas seguirán sonando dentro de decenios...

 

Disfruté enormemente de Virgen del Valle, como creo que lo hizo mi apreciado David Martínez que vino a la carrera desde el cruce de Carmen Calzado hasta la entrada de Escuelas llamado por los sones de la partitura de Gómez Zarzuela.

 

Luego era el turno de otro esperado estreno para Alcalá: La Esperanza de Triana, de López Farfán, compuesta anteayer, hace apenas 87 años, y sonando aún tras los pasos.
 


María Santísima del Subterráneo, que resultó una sorpresa para un costalero del Carmen que lo es también de ese palio del Domingo de Ramos sevillano, Amarguras y las vueltas de San Pedro y San Pablo... Lugar emocionante para le Hermandad, que siempre recuerda a los que se nos han ido ya, lágrimas porque siempre en esa chicotá se me viene al primer plano de los recuerdos, casi que se entremezcla con la realidad, la imagen de mi abuela en su silla, viendo pasar a la Virgen del Carmen por ese punto, frente a esa puerta verde, y de nuevo emoción al escuchar un pedazo de mi añorada Hispalis cuando la banda de los Ángeles hacía brotar de sus instrumentos la marcha de Gámez Laserna Sevilla Cofradiera, la de envolvente melodía final, la de tonos arabescos en su trío. 

 
 
 

Con María Santísima del Dulce Nombre llegó la Virgen a la calle Colegios.

  

Vendrían luego Madrugá Macarena (que no había escuchado hasta que Jaime me instó a ello cuando el repertorio, que a esas horas ya estaba casi consumido, no era más que una fantasía en elaboración) y Valle de Sevilla.

 

Para la entrada se reservaba la grandiosidad de El Cachorro, que para quien les cuenta estas vivencias, suponía un sueño hecho realidad. Espectacular la interpretación de esta marcha por parte de la banda de música granadina. Se detuvo el paso después de una eterna revirá (y recalco lo de eterna porque desde mi punnto de vista duró demasiado. Después de lo aparatoso de tener que retirar la corona que ceñía las sienes de la imagen, el paso se levantó y comenzó a avanzar lentamente hacia el dintel a los sones de Macarena, de Emilio Cebrián, marcha que la banda interrumpió justo cuando las instrucciones de los capataces eran ya exigentes para librar sin percances la piedra antigua de la portada del Monasterio.

Luego vendría el Himno Nacional, la Salve, los abrazos, la satisfacción de los presentes, y en seguida acompañé a mis apreciados amigos de los Ángeles hacia allí donde les esperaba su transporte de vuelta a la Alhambra.

Así viví yo el día del Carmen... Mejor dicho, así lo resumo, porque hubo mucho más, que me guardo para la intimidad del cofrade que disfruta y reserva en el espacio de los recuerdos, para sobrevivir hasta la próxima vez que vea un paso en la calle.

¿Será la Pastora de San Fernando? ¿La Virgen de los Ángeles de Granada? ¿La Pastora de Triana? ¿El Rosario en Villaverde?