lunes, 6 de febrero de 2012

En el concierto de Tejera del pasado domingo en el Círculo Mercantil, observé un detalle que me resultó muy curioso. Ver como los músicos pasaban por delante de quien luego dirigió la interpretación, para que éste le diera el visto bueno a la afinación de cada instrumento. Es normal que se haga antes de cada actuación, por supuesto, pero me gustó la forma de hacerlo. Es como si pasaran los músicos un filtro de seguridad, y como si el director fuera el responsable de permitir el acceso a los que se hubieran identificado adecuadamente. Una vez se enseñaba la credencial (la afinación perfecta), un gesto con la invitando a traspasar la puerta invisible que separaba a los afinados de los que aún no lo habían demostrado, hacía que los músicos acudieran a su puesto donde minutos más tardes comenzaron a producir arte, y ese arte en forma de notas que escapaban del pentagrama, inundaron el patio interior de ese edificio de la calle Sierpes, y los allí presentes recordamos momentos vividos, y soñamos con los que están por venir escasamente dentro de 7 semanas.


Anécdotas aparte, yo lo que quería era enseñarles cómo sonó esta banda. Qué magnificencia, qué buen hacer, qué calidad. Es una suerte escuchar a Tejera. Y si es detrás de uno de esos palios de corte serio que acompañan, mejor que mejor.

El repertorio era el siguiente:

Cristo de la Coronación de Espinas (Albero)
Oremos (Dorado)
Jesús con la Cruz al Hombro (Delgado)
Al Señor de la Humildad (Padilla)
La Soledad (Morales)
Margot (Turina)
Valle de Sevilla (de la Vega)
La Coronación de espinas (Lerdo de Tejada)

Y así sonaron La Soledad, Margot y Valle de Sevilla