sábado, 1 de diciembre de 2012

El comienzo de la semana

Esta recuperación de entradas de la pasada Semana Santa espero que me sirvan para enseñarles las fotos de entonces, sobra las que estoy trabajando ahora. Espero que sean de su agrado. A mi me ha servido para recordar buenos momentos. También algunos tristes, con tantas Cofradías de ilusiones fristradas por el agua. Y me sirve también como aliciente de lo que ya, aunque no lo crean, se nos cierne, porque ya es diciembre y la Epifanía se nos quedará atrás en el calendario en breve, y ya si, estaremos otra vez contando días para que sea SEMANA SANTA.



Al final el trabajo me obligó a llegar a Sevilla más tarde de lo inicialmente previsto. Durante el viaje, coincidí con una compañera de trabajo con el mismo destino que yo. Nunca la había visto antes, no se si volveremos a coincidir, pero si tenemos algo en común. Me hizo mucha ilusión coincidir con una nazarena del Domingo de Ramos camino de nuestro destino cofrade. Ella de la Estrella, yo de San Roque, curiosamente dos de las que tuvimos la suerte de procesionar en la tarde del Domingo de Ramos.




Así, llegué el Sábado de Pasión, en lugar del Viernes de Dolores, y lo primero que vimos Saúl y yo, acompañados de Pablo y Jesús, fue la Milagrosa. Me gustó bastante más que el pasado año. Tal vez la calle donde la vi, ayudó, porque los pasos estaban rodeados de olorosos naranjos. Y para rematar la escena, para ofrecer el mejor estreno posible, sonó "Sevilla Cofradiera".







Desde la misma calle Eduardo Dato, el metro de Sevilla nos llevó a San Juan de Aznalfarache, donde mis amigos Carlos y Luís encendían los pasos de la Hermandad de los Dolores. Tras el palio, Tejera: segundo motivo para ir al pueblo del aljarafe. La primera marcha que escuchamos... "Saeta Cordobesa". Luego vendrían "Pasa la Macarena", "Esperanza Macarena", "Soleá dame la mano", y otras que fueron nuestro deleite. Sonó incluso la poco interpretada "Nuestra Señora de Guadalupe", de Pantión. El Cristo, sobre un paso tremendo, en color madera de profusa talla, con hermosas miniaturas y cuatro hachones que iluminaban el cuerpo muerto en la Cruz con luz mortecina de duelo.

















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