jueves, 5 de abril de 2012

San Roque según Carlos Colón

Venía San Roque por la Ronda derrotando pesimismos con la medida prisa de las cofradías sabias llevadas por capataces serios, andando casi a paso de mudá sin descomponerse. Por el contrario: con elegante poderío. San Roque es sabia en esa ciencia misteriosa llamada Sevilla y rebosa esa indefinible virtud a la que, por no poder darle nombre, se llama sevillanía. Por eso le dieron al Señor de las Penas tan valientes roleos en el año de gracia sevillana de 1929 y a la Virgen de Gracia y Esperanza palio de música bordada. Por eso le dan Centuria Macarena al Señor, Nieves de Olivares a la Virgen y Villanueva a los dos pasos. 

Venía San Roque por la Ronda, decía, bajo un cielo gris que ofendía al Domingo de Ramos. El Señor con un son romano de Escámez que parecía resucitar la Ronda de adoquines, garajes, almacenes y vías del tranvía; la Virgen a los de Pasa la Macarena y Corpus Christi. Al girar en la Puerta Osario para adentrarse en Sevilla por Puñonrostro el sol se rindió a los dos pasos, haciendo brillar roleos y bordados, densificando inciensos, nimbando los rostros del Señor de las Penas y de su Madre de Gracia y Esperanza. Mano dorada que acaricia, no puño gris que amenaza, tendió Sevilla a San Roque en esa calle que debía llamarse Solenrostro.

Artículo de Carlos Colón en Diario de Sevilla, miércoles 4 de abril de 2012.

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