lunes, 22 de agosto de 2011

De la calle Orfila a Cibeles

Aún no siguiendo el orden cronológico con que se deberían relatar los acontecimientos del verano, me gustaría escribir ahora, pues aún estarán frescas en la memoria de quienes vivieron los momentos en directo las imágenes del Via Crucis de la JMJ, de la impresionante jornada que según cuentan las crónicas, vivieron los hermanos de Los Panaderos el largo y caluroso 19 de agosto de 2011. 

Decía que me gustaría escribir sobre el tema, pero más bien me limito a dejar aquí el artículo de Tomás Muriel para la edición digital de El Mundo. Desde la distancia, en tierras viguesas, leyendo el artículo, reconozco que me emocioné, me sentí muy orgulloso de ser sevillano y me dió mucha pena no haber podido estar presente en un momento que aventuro fue irrepetible, o, cuando menos, que no será fácil presenciar en muchos años.

Imagen de Daniel Olmos
Recuerdo los comentarios de mi amigo Paolo acerca de la negativa de El Cachorro y de Triana a que sus titulares paticiparan en el acto. Y ahora, le doy la razón plenamente. Porque aunque sea exclusivamente desde el punto de vista cofrade, el poder decir "mi Hermandad deslumbró en Madrid a miles de personas de todo el Mundo", hoy por hoy, solo lo pueden decir los que el Miércoles Santo visten túnicas negras y capas rojas y moradas...

Dicen algunos, sevillanos eruditos siempre (y permítanme la ironía), que si el palio de la Hermandad panadera ha entrado con calzador, sin mucho sentido dentro de el Vía Crucis, que si el Papa no le hizo ni caso a la imagen mariana -tal vez pensaran que se haría hermano de nómina de las corporaciones que acudieran al acto...-, que si se alegran de que "sus" Hermandades dieran el no por respuesta, que hubieran hecho el ridículo,... Y yo, sevillano aunque desde la distancia, y claro está, menos sabedor de lo que es bueno y lo que no lo es, pues discrepo. Y mucho. Porque ni creo que haya habido situaciones ridículas, ni creo que nadie haya ignorado la presencia de la Santísima Virgen de Regla. Antes bien, creo que ha quedado en los anales de la historia Su presencia que ha sido la de una embajadora excelente de mi Sevilla cofrade.

Y desde aquí, vaya mi reconocimiento para la Hermandad, por el esfuerzo que seguro ha supuesto acudir a esta cita, así como a todos los hermanos, acompañantes, músicos y como no, costaleros, que han escrito una página del libro de las cofradías sevillanas con letras de oro.

Las exportaciones nunca han sido la especialidad de Sevilla. Su balanza comercial tiende siempre negativo. Aunque anoche descubrió que cuenta con algo que triunfa allende sus fronteras: las emociones. Lo puede atestiguar la delegación hispalense presente en el Vía Crucis de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) durante la procesión de regreso de la Virgen de Regla a su residencia madrileña, la iglesia del Carmen.
 

Tras haber pasado por el acto piadoso, con la presencia de Benedicto XVI, con más pena que gloria, bastante desapercibida pese a su destacada presencia -sola en la plaza de Cibeles-, la Virgen de Regla se convirtió en el camino de regreso a casa en el epicentro del interés del numeroso público congregado ayer en la Villa y Corte.

Y si la embajada sevillana convertida en palio fue capaz de generar un reguero de emociones a su paso, no fue menos a la hora de conseguir redescubrir los rincones de Madrid a través de la óptica de la Sevilla añorada en la distancia. Basta con tirar de callejero e itinerario para comprobarlo. La célebre calle de Alcalá, por ejemplo, se revistió de hispalense avenida de la Constitución al paso del palio de Los Panaderos.

El eco de marchas como 'Virgen de la Encarnación Coronada' -con canto del Ave Maria inclusive- o la llamativa 'Esperanza de Triana Coronada' y el característico olor del incienso trasladaban a propios y foráneos a la vía que marca la antesala a la Catedral en la carrera oficial sevillana.

También lo hacía el sonido de los aplausos. Entre el público se dejó notar una notable representación de sevillanos, aunque madrileños y peregrinos extranjeros no se quedaron atrás a la hora de batir palmas para reconocer el andar de las cuadrillas de costaleros de Los Panaderos, a los que era fácil ver cangrejeando a escasos metros del paso.

Alcalá y la Puerta del Sol fueron los dos grandes focos de público durante el recorrido. La masa concentrada en la primera calle se expandió en la plaza más famosa de España cada 31 de diciembre.
Aparte de emociones, Sevilla exportó anoche a Madrid su modo de vivir el gozo de lo que tiene ante sus ojos dedicándole uno de sus célebres y respetuosos silencios. Como el que le ofreció la muchedumbre congregada en la controvertida plaza madrileña con la llegada del palio a los sones de 'La Madrugá'.

Terminaban los últimos compases de la pieza y se fundían con el quejío de una saeta. De regreso, las calles Arenal, Preciados y la del Carmen eran un calco físico de Tetuán cuando esta cofradía echa el telón al Miércoles Santo e inaugura el jueves. El hecho de ser calles de menor tamaño redujo considerablemente la presencia de público. La compañía transminaba sevillanía. Los acentos delataban.

Con el reloj del clásico rascacielos de Telefónica en la Gran Vía como testigo, el palio completó a las 02.30 horas un recorrido que pasará a engrosar con letras de oro la historia cofrade hispalense.

El artículo original aquí.