viernes, 28 de octubre de 2011

Cerca de Ariza y Gallego

Estaba de vacaciones, caminado hacia Santiago, y estábamos cerca de Salamanca. Teníanmos previsto que llegar mañana. Si hubiera sido esa tarde la fecha en que hubiéramos alcanzado la capital charra, me hubiera hecho mucha ilusión acudir a esta charla que organiza la Hermandad de la Virgen del Rosario. Pepe Ariza y Manuel Gallego. No hay límites ni fronteras para el mundo cofrade sevillano. Y algunos siguen dudando cuál es el referente...

Conferencia del 17/09/11 en Salamanca. José Ariza y Manuel Gallego

miércoles, 26 de octubre de 2011

Un adiós


Ha llegado el momento. Y siento algo de tristeza, pero he de reconocer que estas cosas suceden. Y es que pienso que fue ayer, pero lo cierto es que rondaba el año 2002 cuando empecé a usar esa ropa blanca.

Aquél año, para el primer ensayo de la cuadrilla de Pepe Ariza, acudí a la esquina de Pagés del Corro y San Jacinto, allí y como me había dicho que hiciera Rafael, el padre de mi amiga.

Era la primera vez que acudía a un ensayo con la intención de probar la experiencia de estar debajo de un paso. Allí y entonces conocí a Don José Ariza Sánchez, a su hijo Antonio y a algunos de sus auxiliares. Cuando terminaron su cerveza, los acompañé hasta la calle peatonal que hay frente al polideportivo Hispano de Aviación (muestra de la historia aeronáutica del barrio trianero).

En esa calle es donde Pepe Ariza igualó a la cuadrilla. Después, hecho ese trabajo, nos dirigimos al almacén, que estaba a escasos metros del lugar de la igualá. Creo que fue la primera vez que vi mover un coche para sacar un paso...

Finalmente el capataz me dijo que me hiciera la ropa, para ocupar durante el ensayo el sitio de la corriente de la primera trabajadera. Para hacer la ropa, me indicó que me dirigiera a Manuel Barragán. Un hombre al que veía colocar una y otra morcilla, hacer una y otra ropa, estirar las manos una y otra vez entre costales hechos,… Mucha gente acudía a él para este menester. Hombre que siempre me pareció tan serio como correcto conmigo. Cuando llegó mi turno, saqué mi costal. Si, ese que casi siendo un niño me había regalado mi abuelo, junto con una faja y unas alpargatas de largos cordones… Ese costal colgaba de la pared de mi cuarto desde hacía años y evidentemente, nunca se le había dado utilidad excepto en las procesiones del pasillo de la casa de la calle Calderón de la Barca, a las órdenes del capataz Carlos Ríos, bajo un pesado paso de silla de enea.

Aún recuerdo con claridad la expresión de Manuel Barragán, tras sus gafas, cuando vio aquella tela que parecía un souvenir  más que una ropa propiamente dicha. Se lo dijo al capataz, que le dijo que hiciera lo que pudiera. Y vaya si lo hizo, pues de un pedazo de tela de ridículo tamaño, fue capaz de armar una ropa que me permitió ensayar bajo aquella parihuela que no era la de la O, sino la de la Estrella. Fue una tarea magistral que consiguió darle utilidad a una ropa que solo servía para ser un recuerdo. ¡Gracias!

Eso si, en cuanto terminó en ensayo, Pepe le dijo a Manuel Barragán que me trajera, para el próximo ensayo, una ropa nueva.

Y así fue como en el segundo ensayo de aquél año estrené mi ropa blanca que la semana pasada se jubiló en Ciudad Real.

Es una ropa blanca lisa, sobre saco de Café de Brasil. Bastantes amigos me han dicho que les gustaba esa ropa, cómo quedaba puesta, cómo se quedaba en su sitio, cómo se tiraba,… Desde mi conocimiento limitado en ropas, creo que tienen razón. Es un costal que bien hecho y bien tirado, sentaba muy bien y sobre todo hacía su labor de manera más que buena.

Y ahora le llega su hora. Y me da mucha pena, porque han sido muchos años (saben algunos de ustedes que no puedo decir que hayan sido muchas cofradías… pero si muchos ensayos). Ese costal ha estado debajo de muchas trabajaderas, de parihuelas de ensayo y de algún que otro paso de salida, ha sacado dos cofradías (dos glorias, curiosamente), y ya tiene el saco demasiado pasado, demasiado abierto, para seguir trabajando con él. 


domingo, 23 de octubre de 2011

Castilleja, Ciudad Real, Alcalá,...

El paso de Santa Teresa había entrado en su templo cuando nos dirigimos todos a la casa de Hermandad de las Penas, que al igual que al finalizar el ensayo, nos obsequió con unos bocadillos y una tertulia muy agradable en la que entre otras cosas, como no podía ser de otra manera, se habló de la salida que acababa de concluir: de nuestra actuación, de la banda, de tal o cual vuelta, de esta u otra levantá,…

Fuimos entonces a casa de Alberto Donaire. Y allí, me pasó una de esas cosas curiosas que me gusta escribir en este blog.

Eran cerca de las dos de la mañana y allí estábamos el anfitrión, Dani, María, Ernesto y yo, viendo vídeos de Semana Santa (en concreto La Pasión según Sevilla). Claro que llegó el momento de cambiar el DVD, y Alberto nos deleitó con la madrugada del Viernes Santo en Castilleja de la Cuesta.

Cuando vimos la salida, en la que la guardia romana llama a la puerta del templo, reclamando a Jesús para llevarlo ante Pilatos, recordé cómo mi amigo Carlos me contaba las anécdotas de su primera experiencia junto a Luís como encendedores de una cofradía. Surgieron luego varios comentarios en los que Alberto comentaba otras anécdotas, curiosidades de aquella noche fría de la primavera de 2010. Y lo más curioso es que algunas de ellas, las más generales, me provocaban esa sensación de haber vivido anteriormente ese momento. Un deja vu en tercera persona…

Según la grabación avanzaba estaba más seguro de que de un momento a otro vería en ella a alguien conocido amén de Alberto Donaire enfundado en su traje negro. Y así ocurrió… De repente, en la esquina inferior izquierda de la pantalla pude ver con claridad el rostro de uno de los encendedores, que, caña en mano, acompañaba al paso del Señor. Era él. Mi amigo Carlos.

Y no es que esta historia que les cuento sea excepcional. Lo que me ocurre es que me resultó más que curioso, además de emocionante, pensar que estando en Ciudad Real, después de haber sacado un paso, a las tres de la mañana, en casa de un amigo, estaba viendo un vídeo en el que salía mi gran amigo Carlos como encendedor en la Semana Santa de Castilleja de la Cuesta de 2010. ¡No me negarán que cuanto menos es anecdótico! Me hizo mucha ilusión. Me hizo darme cuenta de que este mundo de las cofradías es más pequeño de los que muchos pueden creer, que somos siempre los mismos los que nos encontramos en unos y otros lugares,…

Y esto es lo que les quería contar en esta entrada, porque de cómo conocí a Carlos, que también tiene su historia –similar a esta, pero en sentido, o mejor dicho, localización opuesta- ya les hablaré más adelante.




miércoles, 19 de octubre de 2011

Ciudad Real

Había decidido intentar sacar el paso de Santa teresa de Jesús en Ciudad Real después de que por diversos motivos hubiera dejado pasar la oportunidad de "hacerme la ropa" en la capital manchega los días en los que salieron la Virgen de la Cabeza y la del Carmen, respectivamente.

De esta vez no pasaría. Así que el viernes siete de octubre, después de trabajar conduje hasta Valdepeñas y desde allí me desvié a la capital de la provincia. Reencuentro con amigos a los que hacía ya mucho que no veía. Fue un momento muy agradable, a pesar de que según avanzaba el cuentakilómetros me rondaba la cabeza el pensamiento de que cada vez esta locura de los pasos está más dentro de mi. 

Sorpresa por la cantidad de gente en la igualá de un paso de gloria en plena mancha. Y luego, una vez hube tenido la suerte de ocupar un sitio en esa primera trabajadera, con un amigo a cada lado, a ensayar.

Con sones de agrupación musical, recorrimos calles que si bien no había pisado nunca antes, si me resultaban familiares después de haber visto en internet numerosos videos de la semana santa ciudarrealeña. Terminó el ensayo, y de vuelta a la ciudad complutense.

Llegó por fin el esperado día de la salida: 15 de octubre. Fui, esta vez en tren, el sábado por la mañana. En la estación em esperaba Alberto, mi anfitrión, quién me enseñó el guardapasos. Una ciudad de alrededor de 75.000 habitantes, con algo más de veinte Hermandades, maravillosas tallas para canastos de pasos de 48 hombres, orfebrería de la tierra (Orovio) y también de latitudes más meridionales, ruedas, hombro, pero sobre todo mucha trabajadera...

El ambiente cofrade en Ciudad Real es rico y pujante. Me llevaron a comer, después de visitar un par de iglesias, a la casa de Hermandad del Nazareno. Cuando estaba viendo la imagen titular de la Hermandad en su templo, me sentía como en casa, como si estuviese ante el Señor de las Penas en Carmen Benítez... Este año estrenarán una fase más de la ejecución de su magnífico paso de madera. Gente acogedora y hospitalaria a más no poder.

Y poco a poco se acercaba la hora de la cita. Y luego vendría  el momento de pasar lista, de repartir los relevos y de hacerse la ropa.

Santo Tomás de Villanueva sonando potente detrás de las andas de la Santa carmelita, que avanzaban constantemente de frente, con gusto y elegancia.

Unos cuantos videos y fotos de aquella tarde, para recordar.

Y poco más puedo decir que no sean palabras de agradecimiento: a Alberto Donaire por acogerme en su casa, a Marcelino por confiar en mi, a Ernesto Naranjo, Daniel de Luca, Víctor Dorado por ser gente buena. A Carlos Lillo por tratarme siempre tan bien. A los que conocí allí (Juanlu, los hermanos Laguna -ya los conocía pero ha sido este fin de semana cuando hemos tenido ocasión de charlar más-) por haberme acogido con tanto aprecio.

En definitiva a todos los amigos que considero que ya tenía, pero que ahora siento más cercanos, y a los que he hecho este mes de octubre: gracias y enhorabuena por tener lo que tenéis en vuestra tierra.

¡Ahora solo espero que no sea la última!









Los sonidos de julio

Así sonaba la banda de música, cornetas y tambores Nuestra Señora de los Ángeles de Granada, cuando acompañaba a la Virgen del Carmen el pasado 16 de julio.