jueves, 18 de marzo de 2010

Prueba en la antigua calle Varflora

La Hermandad de la Carretería decidió restaurar su imponente paso de misterio. Los encargados de hacerlo eran los hermanos Caballero. El pasado sábado 14 de marzo las andas eran trasladadas desde el polígono San Jerónimo donde se encuentra el taller de los tallistas hasta la puerta de la Maestranza, sobre un camión. Ahí comenzaron los desencuentros con la fortuna, si es que esto que les cuento es cuestión de mala suerte. En primer lugar el camión pasó excesivamente cerca de unas ramas. Tanto que las mismas golpearon los candelabros de uno de los costeros e hicieron en ellos un importante estropicio. Con el disgusto en el cuerpo, a la hora de subir al paso para bajar los candelabros después del incidente, un apoyo muy poco afortunado en una de las hojarascas del canasto parecía que remataba la mala suerte de la jornada. Romper una talla de ese calibre es algo que deja el cuerpo frío a cualquiera.

Pero por si todo esto fuera poco, cuando el capataz manda de frente para probar las nuevas dmensiones del paso in situ, en la puerta de la capilla, las voces de los allí congregados se convierten en murmullo al ver como sin hacer el intento si quiera de "mandar a tierra", la cruz de uno de los ladrones golpea, con la cruceta, el dintel de la puerta. Se manda paso atrás. Los ánimos ya estaban a flor de piel. Tanto que uno de los miembros de la Hermandad presentes y activamente participativo en la prueba me indica que no podía fotografiar la escena, a pesar de estar en plena calle. Esto tal vez sirva de muestra de cómo los nervios se habían apoderado ya de todos. Pero lo más impactante estaba por llegar. Y es que cuando se retoma la maniobra de la salida, esta vez el capataz atento y no mandando como en el primer intento según las referencias de otros años (inválidas si las dimensiones han cambiado, obviamente), se detiene el paso bajo el dintel. El capataz pide los cuerpos a tierra. Venga de frente. Más a tierra, más a tierra. Otro pararse ahí. Un poco más a tierra y lo que algunos dicen que veían venir: las garras que rematan los zancos en su parte inferior se apoyan en el suelo. El paso estaba arriado y las cruces de los ladrones no franqueaban el dintel, a falta de casi 15 centímetros. Y todo esto sin hablar de la altura del Stmo. Cristo de la Salud respecto a los otros dos crucificados del paso. Ahora tienen quince días de duro trabajo para solventar la inquietante situación de ver como un paso no cabe por una puerta, por la que ha de salir necesariamente la Cofradía.