viernes, 15 de enero de 2010

Mi locura

Cuando en cuaresma me llevo un chasco de los habituales, se me viene el Mundo encima. Algo lo compensa la cercanía de la Semana Santa, si bien es cierto que cuando veo en la calle alguno de los pasos en los que he creído tener oportunidades de entrar, o me cruzo con algún amigo o conocido con el costal puesto o con los pelos alborotados después de haberse quitado aquél en un relevo, me entra un gusanillo interior que es mezcla de envidia, impotencia y un poquito de rabia. Claro que también me enorgullezco de ver y abrazar a mi amigo en cuestión, Costalero de Sevilla, y me alegro pues se que está haciendo lo que tanto desea.

Cuando hablo con mi amigo Alberto de este tema en su máximo apogeo, que suele ser por estas fechas, me dice (me lo dijo anteayer) que me pongo dramático. Bueno, Alberto, cada uno expresa lo que siente como puede, ¿no?.

Después de esos desengaños, siempre me pido tranquilidad a mí mismo. Llega el verano, y luego el otoño. Pido mis vacaciones para el año que está por venir y me deniegan las de Semana Santa. Otro bajón. Pero como dice la expresión, “antes la obligación que la devoción” y de los pasos no se puede vivir, ¿verdad? Así que desde noviembre tengo dos meses para mentalizarme de que tal vez los ensayos vividos sean los últimos, porque si no voy a estar el año siguiente en mi Sevilla, para que voy a ir a probar suerte. Un arduo trabajo de autoconvencimiento. Unos lagrimones de vez en cuando tengo mis sesiones de audiciones cofradieras o visionados de pasos en formato digital (las últimas fueron escuchando el “¡Viva la Esperanza de Triana!” del coleccionable de El Llamador), no ya por la frustración costalera sino por ni tan siquiera saber si veré algún paso en la primavera que llegará.

Pero amigos míos, llega el día de Reyes y aunque nunca lo escribo en la carta, ellos siempre me dejan junto a los demás regalos, un poquito de esa ilusión que había perdido poco a poco durante el año, durante el aletargante frío otoño-invernal.
Y así empieza un nuevo año. Si a esto le sumamos que en el foro cofrade ya empieza la gente a colgar las fechas de igualás y ensayos que van cayendo en su poder, y que algunos blogs como lalenguaalpalo se esfuerzan en reunirlas en un utilísimo calendario, el caldo de cultivo está preparado un año más. Y es que en esos blogs no veo más que fotos de gente que si bien no conozco, me he cruzado más de dos y tres veces en ensayos, igualás, cervecitas de después,… como es el caso de sacapasospintureros, de mi apreciado Miguel.

Así que empiezo a darle la lata a los que se han ofrecido durante el año a estar pendiente de las fechas clave para que un desterrado como yo lo tenga algo más fácil (aunque hoy en día con Internet no tendría por qué molestar a nadie, siempre es un motivo de alegría hablar con ellos). El principal “soportador” de mis penas e inquietudes es el ya mencionado Alberto. Con razón me dice que me pongo dramático y me cambia de tema, eso si después de haber analizado la actualidad, las vacantes en algunos pasos, las formas de ir y volver a Sevilla…

Y esas conversaciones con el “Acuartelamiento Costalero de Tablada” me hacen recuperar las mismas ilusiones que hace un año me llevaron a la vieja ciudad hispalense arrastrado por una fuerza indescriptible, como una aguja se pega a un imán. Ya me lo dice mi hermano: “Cuando llegan los ensayos, te vuelves loco”. Y que dure mucho esa locura, pues el día que pierda la ilusión por probar suerte para alguna vez compartir trabajadera con alguno de mis amigos, me va a costar mucho esfuerzo encontrar otra motivación igual.

El caso es que ya está aquí ese tiempo. El tiempo en que noche tras noche se empiezan a dar cita numerosos costaleros, unos veteranos, otros aspirantes (como dice Miguel –me gusta esa expresión, Nene-). Y con algo de suerte y con la ayuda de mis compañeros de trabajo (esta vez ha sido John, pero ha habido otr@s), una de esas noches estaré también yo allí.
Gracias a los que me aguantáis el dramatismo, a los que me ponéis facilidades para ir, a los que me informan de las fechas, a la que se queda sola mientras yo me escapo a la tierra prometida y como no, a los Reyes Magos. Por cierto, no les he dicho que finalmente iré a San Roque este fin de semana…