jueves, 6 de agosto de 2009

Mi Semana Santa: Jueves Santo, "Los Caballos"

Desde la calle Cuna y siguiendo los pasos que acababa de recorrer la cofradía de Pasión, pero en sentido inverso, llegamos al Salvador y por Córdoba callejeamos hasta llegar a Sales y Ferré. Atravesamos un pequeño tapón formado por las sillitas tan de moda y nos hicimos con un hueco donde ver La Exaltación.


El misterio de los caballos, apareciá a modo de sombras en la fachada de la calle y en cuanto completó la laboriosa revirá, imponente por su tamaño, hizo acto de presencia en esa especie de plaza que se forma al principio de la calle. Lo de que antaño llevó cuatro caballos en total es leyenda urbana. Lo que no deja de ser cierto es que ya con su composición escultórica actual, resulta impresionante. Canasto de líneas rectas para un Crucificado en ángulo. Qué ganas de verlo de nuevo en Santa Catalina. ¿Quién hará su trabajo para que eso suceda cuánto antes? Tal vez alguien espere que la sociedad sevillana la arregle, como en gran medida ocurrió con el Salvador, para luego tenerla cerrada la mayor parte del día o incluso cobrar una entrada (como ya ocurre con el Salvador, todo sea dicho, con repetición para que quede claro). Pero esa reivinidicación es harina de otro costal.


Y tras el paso de Cristo, el palio de la Virgen de las Lágrimas. Dicen que proporcionalmente tan pesado si no más que el primero. Platillos de cristal recogen la cera que chorrea de la candelería, como detalle curioso. Unos magníficos bordados en este palio. Y para ir completando la Semana Santa, cuando el palio levantó ante nosotros para enfilar la estrechez de la calle que desemboca en la plaza de San Pedro, los sones de La Madrugá irrumpieron suavemente, como suena la marcha, en la noche del Jueves Santo a eso de las diez. Fue la segunda vez que se me escaparon las lágrimas en esta semana.