sábado, 21 de marzo de 2009

El Boletín


Cuando era pequeño, la llegada por correo de ese sobre con matasellos de Sevilla y que contenía el boletín de mi Hermandad de San Roque era la materialización de la ilusión por la venida de lo que siempre ha sido para mí lo más grande, el todo: la Semana Santa. Recuerdo que releía una y otra vez, sobre todo, las páginas que incluían las normas para la Estación de Penitencia y las cuotas de salida acordadas en Cabildo. Supongo que era la señal inequívoca de que era cuestión de semanas reencontrarme con los pasos montados, con la túnica planchada y colgada de la lámpara de casa de mis abuelos, con nazarenos camino de sus templos... en definitiva de volver a vivir en Sevilla mi más ansiada semana.

Ahora, con la edad y con la ocasión que estoy teniendo (y que trato de exprimir -nunca se sabe qué depara el futuro, así que carpe diem-) de vivir más intensamente que nunca la cuenta atrás en vivo y en directo, escapándome fin de semana tras fin de semana a la tierra añorada a disfrutar de aquello que tanto me atrae: los pasos y su gente de abajo, se podría pensar que la llegada de ese boletín no iba a suponer lo que antaño.

Pero no ha sido así, y hace unos días, al volver del trabajo y ver ese sobre con matasellos hispalense y membrete de custodia y óvalos, me han sobrevenido recuerdos de esa infancia, he vuelto a sentir esas ilusiones renovadas año tras año y también la Esperanza de contar con la Gracia de seguir viviendo tan intensamente (y espero que por muchos años) la Semana Santa de Sevilla (y como no, su llegada silenciosa, in crescendo, que culmina un domingo de primavera como los platillos en una marcha de palio) como hasta ahora.

Y es que como dijera Carlos Herrera en su pregón: "¡A la Gloria, sevillanos!"

Sólo me queda desearles la misma dicha a ustedes: que disfruten de estas fechas y de las que están por venir.