martes, 24 de noviembre de 2009

Mi Semana Santa: Martes Santo, "Los Estudiantes (II)"

El Martes Santo es un día de muchas y grandes Hermandades. A esas alturas de la tarde ya habíamos descartado ver San Esteban. Yo tenía ganas de vivir uno de esos episodios que me dejara tan buen sabor de boca como para sobrevivir un año entero. Así que lo propuse al resto y anduvimos hasta la Puerta de Jerez. Desde allí buscamos la fila de nazarenos de altos capirotes negros, que ya cruzaban el foso de la Universidad para llegar a la puerta principal de la misma tras haber cumplido con su Estación penitencial. A la Universidad la Hermandad accede por la calle que separa a ésta del Hotel Alfonso XIII. El rincón es único, pues las palmeras de los jardines de ambos edificios, y la luna, y la arquitectura y las farolas apagadas,... Y pasó lo que tenía que pasar. Que llegó el primero de los pasos, el portentoso crucificado que habíamos visto a primera hora de la tarde con un sol que lo inundaba todo, y que ahora impresionaba más si cabía. Cuatro hachones en las esquinas y el silencio absoluto.

Tras Él, una larguísima fila de penitentes tras los cuales, los nazarenos de los tramos de palio traían de nuevo luz al lugar. Cirios que eran como el preludio de lo que vendría. Un ascua de luz bajo palio, la Virgen de la Angustia. Venía de San Fernando, reviró a derechas, entró en la calle y reviró a izquierdas. Lentamente cruzó la valla y el paso quedó arriado sobre el puente que sortea el foso de la antigua fábrica de tabacos. Y Antonio Santiago tocó el martillo y el paso voló. Y comenzó a sonar Amarguras. Estampa impresionante, de las que ponen a uno los vellos de punta y hacen derramar alguna lágrima de esas que son mezcla de satisfacción, de alegría, de relajación y sobre todo y resumiendo lo anterior, de EMOCIÓN.


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