jueves, 27 de noviembre de 2008

Glorias de mi Sevilla

Como cofrade, voy pasando por distintas etapas en mi vida como tal. Digamos que he madurado mis gustos.

Tuve una época, he de reconocerlo, en la que me llamaban la atención cosas como una levantá a pulso a los sones de Rocío, o un largo solo de corneta,... En definitiva todo aquello que tanto parece gustar a muchos por lo que aplauden y por lo que lo imitan. Pero esa etapa la fui dejando atrás (afortunadamente) y ahora disfruto de otros momentos, de otras sensaciones. Y no por eso soy mejor cofrade que ningún otro de los que leyendo esto se sientan identificados con el grupo primero que describí (sólo faltaría que hubiera cofrades mejores que otros por los gustos que cada uno tenga...)

Ahora disfruto de cosas que me recuerdan a hace tiempo y que tenía aparcadas en la memoria. Estoy redescubriendo esas marchas que ocupaban las dos caras de los primeros casettes que llegaron a mí de manos de mi abuelo. Estoy encontrando calles de mi Sevilla por las que he de reconocer, no sin cierta vergüenza, que jamás había transitado. Pero para no ser pesado en exceso, iré por partes.


Y cada vez me cuesta más entender a aquellos que como mi gran amigo no se molesta en salir de casa para ver esas Hermandades tan olvidadas a pesar de que se pasean por Sevilla y rinden culto a sus titulares, en ocasiones, desde mucho antes -el Amparo de la Magdalena se fundó en 1736- que aquellas corporaciones que ponen sus pasos en Campana de Domingo a Domingo en primavera. Las Glorias son otro mundo (aunque huelgue decir que tampoco todas son la panacea) y me llenan, y me hacen disfrutar plenamente cuando un fin de semana me escapo a mis orígenes y me encuentro uno de esos reducidos cortejos con pasos pequeños pero envidiables, con gente viendo la revirá como si de una de tantas de las penitenciales se tratara, y con las grandes bandas (en el caso de las grandes Glorias, claro) haciendo sonar a la Sevilla cofrade que parece desaparecida en primavera, entre tantas melodías aflamencadas y sólos imposibles e izquierdos y costeros bajo los pasos.

Cuando las Glorias clásicas se ponen en la calle, aquella Sevilla cofradiera en que se inspiró Gámez Laserna vuelve a nosotros.

0 comentarios: