martes, 18 de septiembre de 2007

No podía ser de otra manera...

Se paseó por las calles de Alcalá, desde su ermita hasta la Magistral, arropada en todo momento por numerosísimo público. Y como no podía ser de otra forma, las nubes se retiraron para que la protagonista fuera María en su alcalaína advocación del Val.
A los sones típicos (y un tanto repetitivos, todo hay que decirlo) de la Brigada Paracaidista y sobre los hombros de la Policía Local, la Patrona alcalaína fue objeto de enormes muestras de devoción popular.
La práctica totalidad de los concejales, incluso los de los partidos de la oposición, así como la curia diocesana, con D. Jesús Catalá a la cabeza (al que por cierto se le veía satisfecho por el resultado de la gloriosa procesión) y el Seminario al compelto, acompañaron el cortejo. Los primeros se unieron al mismo en la Plaza de los Doctrinos, donde muchos alcalaínos esperaban la llegada de la Virgen. También esperaban con impaciencia las monjas del monasterio carmelita del Corpus Christi. Y es que los más jóvenes no recuerdan la última vez que la Señora del Val entró en este templo carmelita donde el amor de unas santas mujeres la esperaban desde entonces. Y este año se hizo realidad el sueño de algunos. La inquietante espera de las RR.MM. era muestra de la importancia que para ellas tenía esta visita.
Acto muy sencillo a la par que intenso. La Virgen entró de espaldas al templo, recorrió el pasillo central de una iglesia abarrotada de público y se detuvo bajo la bóveda, donde era perfectamente visible para las religiosas que estaban en el coro alto del templo. Tras un emotivo canto litúrgico y la ofrenda de dos ramos de flores, correspondientes a la Comunidad carmelita del monasterio y a la Hermandad del Carmen, las andas se volvieron a dirigir hacia la puerta donde ya esperaba la multitud, dejando un inmenso vacío tras el manto.
Desde que abandonó la plaza, hasta su llegada a las puertas del Ayuntamiento, la aglomeración de público fue más que notable.
En este punto del recorrido, y como se viene haciendo últimamente, la Virgen fue introducida a hombros de los ediles en el interior del Consistorio.
La llegada a la plaza de los Santos Niños se produjo con algo de retraso y a un paso muy acelerado de los anderos, a la vez que la presencia de público se vio ligeramente reducida.

Cuando la BRIPAC se despidió, el cortejo continuó hacia el interior del templo metropolitano, donde la Virgen ya descansa del ajetreo de esta semana en su honor, esperando seguro que el año próximo sus hijos alcalaínos vuelvan a demostrarle su amor en las calles.