martes, 10 de abril de 2007

Una marcha

Caía ya la noche del Viernes Santo, y allí estábamos esperando que llegara la Virgen de Montserrat a Molviedro. El paso arrió en el último instante, antes de comenzar a revirar. Cuando sonó el llamador y el paso se elevó de nuevo a los cielos de Sevilla, la magistral banda de Tejera (que estrenaba director esta Semana Santa tras el adiós a la batuta de Pepín Tejera) comenzó a sonar. Y así, sin tambor que mediara, unos sones muy melódicos llenaron el ambiente mientras la derecha adelante y la izquierda atrás querían llevar a la Virgen catalana del Viernes Santo hispalense hasta la puerta de Jesús Despojado. Magnífica marcha la que sonó. Es de esas que te llenan cuando la escuchas a la vez que te emocionan. Tan distinta de las nuevas composiciones que tantas veces parecen hechas a medida de una mecida forzada, de un aplauso fácil, “marchas de campana” las llamarían algunos entendidos.

El paso de palio, cuando hubo completado la vuelta, y al andar de frente, nos acercó el aroma de esa candelería que arde, de esas flores frescas. De cuando en cuando, una bocanada de aire cargado de incienso, de esas que muchos de nosotros esperamos durante todo un año, envolvía a los presentes. Ya nos había sobrepasado el manto azul de leones, castillos, cruces de Calatrava y flores de lis, cuando comenzó a pasar ante nuestras asombradas miradas la banda clásica por antonomasia de Sevilla: Tejera. Los reflejos de la escena sobre los instrumentos de viento metal; los platillos que en los fuertes de la marcha nos hacían girar la cabeza para, olvidando momentáneamente el palio ya arriado frente a la capilla del “Despojao”, centrar la atención en la formación musical que atacaba ya los últimos compases de la marcha.

Cuando la música cesó, el director, satisfecho con el trabajo realizado por los músicos, se paseó entre ellos repartiendo elogios. Y yo, como hacemos muchas veces los sevillanos en esos casos en los que nos hemos quedado con boca (y oídos) abiertos, me acerqué en este caso a la tuba, y echando un ojo a la partitura aún colocada, pude leer el título de esa marcha que tanto me había gustado. Esas letras pequeñas que suelen encabezar las partituras y que a veces cuesta descifrar, unido a que ni me sonaba el título, me obligaron a preguntarle al músico. Y en ese momento se produjo mi descubrimiento de esta Semana Santa. La pieza interpretada se titula “Noche del Jueves al Viernes Santo” (gracias a patrimonio musical. La interpretación corresponde a la Municipal de Sevilla) y es una adaptación de un fragmento de la ópera Margot, de D. Joaquín Turina, que se desarrolla en Sevilla y su segundo acto, concretamente, en esa noche de la Semana Santa.

Chapeau la banda, la escena, los andares del palio y por supuesto, la compañía de esa noche...

Esta marcha fue grabada en 2005 por la Oliva de Salteras en su disco “Mek Tub”. En la web de la banda pueden encontrar una descripción de la obra por parte del director, así como del proceso de instrumentación.