miércoles, 14 de febrero de 2007

Ese sonido, esa calle...

Está claro que para cada uno de nosotros, una marcha puede, además de gustarnos o no, trasladarnos a un determinado rincón de nuestros recuerdos (o de nuestros sueños, ¿por qué no?). Y tampoco tiene que ser una marcha... puede que el sonido de un llamador, de una levantá sea suficiente para emocionarnos del mismo modo que lo hicimos aquella tarde de primavera que quedó grabada para siempre en nuestra memoria, y que hoy, años depués, vuelve a flote gracias a ese sonido...

¿Cuál es ese sonido para usted? ¿Con qué marcha cierra los ojos y parece que está viendo a su Cristo o a su Virgen en esa estampa eterna...?

Les invito a esta puesta en común, y si me lo permiten, empezaré yo mismo.

Esta pieza que pongo a continuación (y a la que también pueden acceder en el menú de la derecha) es un sonido que me trae a la memoria, con una perfección total, los recuerdos de la salida de mi Señor de las Penas. Esa tarde de Domingo de Ramos, tras tanto tiempo de espera (un año nada menos), esas puertas abiertas que dejan coalrse en el interior del templo unos rayos impacientes, que parecen querer azuzar a la cofradía para que salga cuanto antes. Y se levanta el paso, con ese llamador que calla a todos (a los de abajo y los inquietos capirotes). Cuando comienza a avanzar, desde la nave lateral, buscando la puerta de la iglesia, esos sones que parten del modesto órgano, y esas voces de coro, me hacían darme cuenta de que, gracias a Dios, otra vez era Domingo de Ramos.



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